de nuevo esa voz, pero esta vez diciéndome que a donde íbamos, ( y me afirmaba que estaba listo para poder ver un palacio sobre la luna, palacio donde viven almas, almas puras que circulando como rios, van surcando lo infinito en solo un sentir) , era una ciudad como de paso, una frontera mas bien.
Yo lo veia, entro mi nave en esta ciudad, la ví, oh hermosa y brillante, un extraño resplandor se teñía en mis ojos; reflejo de sus formas que intentaban proyectarse como enormes e infinitas paredes, y colosales estructuras que al girar se transformaban en otra cosa, ciudad de luz plateada , sol apagado, luna encendida, mi ser fascinado ante el espectaculo natural. La nave sin timón sin nada, sencillamente se dejaba arrastrar por una sutil corriente hacia allí, docemil millones de ojos que explotan extasiados buscan el sol, me deslizo entusiasmado y tranquilo: veo al sol atravesarme, y a la tierra alejarse hermosa en su descenso, algo me llama y entré en la ciudad de la luna, la nave se entrega sobre una cañada sin gravedad ( gravedad, es extraño haber sentido su ausencia, o haber recordado su -innecesaria- falta de ), me duermo, sentir el placer de entregarme, duermo en la ausencia de luz, pero no en la oscuridad, se que despierto en algun momento solo para sentir ese sabor, quiza ya no tenia ojos, ni boca, pero escuchaba voces en ese túnel, entonces sin boca ni ojos trato de encontrar, ciego busco, me muevo y con algo que parecian ser mis manos trato de encontrar esa voz, era como una fuente, ahi estaba la luz. entre mis manos se paseaba una textura bastante familiar, pero extraña, como si la hubiese sentido mil veces pero quiza ya no sabia qué era. Voces, se llenaba el tunel del sutil murmullo, y mis manos buscaban esa voz mientras el suelo comienza a notarse verde, resplandor verde, verdoso, como si debajo de esa manta hubiese un rio, y como si debajo de ese rio se asomase el sol de a poco, amanecer, sol verde debajo de los pies. la luz era cada vez mas intensa, y sobre el tunel se despertaban esas voces, se hacian visibles, ojos nuevamente, encuentro la dueña de esa voz, encuentro en mis nuevos ojos sus ojos nuevos, qué fresco el reflejo verde del agua en sol sobre nuestras pieles enmudecidas por el alba aquella mañana sobre le mar de las almas.